Un intenso placer naciente,
de un leve roce al pasar,
va invadiendo si freno la mente,
avanzando y sin vacilar.
Una brisa de aire caliente,
recorre deprisa la piel,
erizándola febrilmente,
como a un fino papel.
Cosquilleos inundan el cuerpo,
Haciéndolo intensamente danzar,
Llevar frenéticamente un ritmo,
El del creciente gozar
Entre espasmos y jadeos,
el placer comienza a estallar,
entregándose así dos almas,
que por siempre unidas irán.
jueves, 28 de mayo de 2009
viernes, 13 de marzo de 2009
...Don Julian... =(
El viernes 6 de marzo (2009) nos enteramos de que Don Julian había muerto. Al principio hubo mucha incredulidad por parte de los alumnos, pues éstos pensaron que se trataba de una absurda broma de mal gusto, pero con el paso de las horas todo el mundo fue dándose cuenta de lo que en realidad ocurría: Nuestro querido profesor se había ido, y esta vez era para siempre. La noticia cayó como si fuera una lluvia de cuchillas, las cuales nos hicieron innumerables heridas en lo más profundo del alma.
El día, que era un poco especial, ya que se celebraba el día de la mujer, se vió cubierto de una densa capa de amargura, impotencia, tristeza, y sobre todo dolor, mucho dolor...
En ese fatídico día se pudieron ver muchísimas caras, cuyas expresiones se hayaban desgarradas por la pena de haber perdido a una persona tan maravillosa.
Don Julian fue un profesor envidiable, que sabía tratar con los alumnos, que explicaba su asignatura increíblemente bien, y que, sobretodo, apoyaba a los niños y los comprendía, no solo a los que daban clases, sino a los que formaban parte del centro.
Siempre tenía algunas palabras en los momentos más difíciles, y siempre conseguía arrancar una sonrisa cuando ésta parecía enterrada en algún lugar inalcanzable.
En definitiva, se ha ido una persona que aún tenía muchos consejos que aportar, y muchas clases que impartir. Una persona buena, a la que aún no le tocaba abandonarnos...
Don Julian, tus enseñanzas nos han marcado de por vida. Nunca te podremos olvidar... has dejado 1 gran hueco en el instituto.
Siempre te echaremos de menos. Ojalá pudiéramos al menos haberte despedido como te merecías; ojalá hubiéramos podido decirte lo mucho que te queremos...
Sin más que transmitir, salvo lo difícil que se hace ahora el instituto, al recordar que nunca volverá a hacer sus bromas, ni a mandar sus copias, ni a dictar sus problemas...!!
me despido. Hasta siempre!!
El día, que era un poco especial, ya que se celebraba el día de la mujer, se vió cubierto de una densa capa de amargura, impotencia, tristeza, y sobre todo dolor, mucho dolor...
En ese fatídico día se pudieron ver muchísimas caras, cuyas expresiones se hayaban desgarradas por la pena de haber perdido a una persona tan maravillosa.
Don Julian fue un profesor envidiable, que sabía tratar con los alumnos, que explicaba su asignatura increíblemente bien, y que, sobretodo, apoyaba a los niños y los comprendía, no solo a los que daban clases, sino a los que formaban parte del centro.
Siempre tenía algunas palabras en los momentos más difíciles, y siempre conseguía arrancar una sonrisa cuando ésta parecía enterrada en algún lugar inalcanzable.
En definitiva, se ha ido una persona que aún tenía muchos consejos que aportar, y muchas clases que impartir. Una persona buena, a la que aún no le tocaba abandonarnos...
Don Julian, tus enseñanzas nos han marcado de por vida. Nunca te podremos olvidar... has dejado 1 gran hueco en el instituto.
Siempre te echaremos de menos. Ojalá pudiéramos al menos haberte despedido como te merecías; ojalá hubiéramos podido decirte lo mucho que te queremos...
Sin más que transmitir, salvo lo difícil que se hace ahora el instituto, al recordar que nunca volverá a hacer sus bromas, ni a mandar sus copias, ni a dictar sus problemas...!!
me despido. Hasta siempre!!
lunes, 2 de febrero de 2009
Superándote

Supongo que ya lo estoy consiguiendo. Al verte, ya no siento que mi respiración se corta; ni siquiera ya mi corazón se acelera al escuchar tu voz. Ahora por fin puedo actuar con normalidad al tenerte cerca. Ya no dependo de tu presencia para ser feliz, ni mi comportamiento se altera cuando paso días sin saber nada de tí. Tampoco siento celos cuando hablas de otras, las miras o preguntas por ellas. Estoy consiguiendo la calma que tanto tiempo he anhelado. Tus comentarios han perdido el 90% de la importancia que antes para mí tenían, y sin tener que esforzarme para que ocurriera. El tiempo transcurre, y ya no estás dentro de mi cabeza para anular a los demás de mi rutina. Esa obsesión enfermiza que me presionaba a seguir queriéndote y odiándote al mismo tiempo por no tenerte, está desapareciendo sin dejar rastro alguno. Ya no deseo estar contigo, pues comienzo a comprender que, si eso ocurriera, mi vida sufriría un gran trastorno que la cambiaría por completo; A mí me cambiaría por completo. Me transformaría en otra persona, y no quiero nada de eso para mí. También porque cuando te pienso, veo un montón de kilómetros recorridos, un millón de experiencias vividas, y un sinfín de sentimientos y sensaciones recibidas. Muchísimas cosas que aún yo no he apreciado, ni apreciaré quizás en mucho tiempo. Momentos que yo no percibo protagonizar en esta etapa de mi recorrido, y valiosas lecciones vitales para las que aún no estoy preparada. Sencillamente, al fin me he dado cuenta de que tú y yo pertenecemos a dos mundos totalmente incompatibles. Somos dos personas cuyas existencias conviven, pero separadas por un invisible muro que, aunque muy fino, es irrompible, imperturbable e implacable.
viernes, 19 de diciembre de 2008
Amistades gastadas (¿o quizás robadas?)
Hay algo dentro de mí que me dice que, todo ese odio que os tenía, todo eso que hacía que dentro de mí no pudiera fluir ningún sentimiento más, está desapareciendo... Asco sí, y lástima también, y ni siquiera con todos. Sólo con dos, pero no eso tan horrible... Supongo que todo pasa porque tiene que pasar, y ese día llegó. Simplemente, entramos en otras etapas de nuestras vidas totalmente diferentes. Pasará muchísimas veces, y hay que saber vivirlas y aceptarlas tal y como vengan.
Hoy sólo puedo sentir rabia, pues he visto hasta qué punto se apoderó de mí la inmadurez en el momento de actuar, pero bueno, así queda. Simplemente, se acabó...
Hoy sólo puedo sentir rabia, pues he visto hasta qué punto se apoderó de mí la inmadurez en el momento de actuar, pero bueno, así queda. Simplemente, se acabó...
domingo, 30 de noviembre de 2008
Crónicas de un amor desesperado
Siento una gran impotencia cuando, sin ser consciente, te persigo con la mirada mientras tú te desplazas de un lugar a otro, ignorando mi interés hacia ti.
Me causa mucha tristeza descubrirme pensándote tan a menudo… y soñándote, y buscando excusas para poder verte y que hables conmigo…
Trato de rehacer mi vida, de olvidarte, pero siempre hay un punto, por el cual acabo fracasando en mi intento… Normalmente es mi falta de paciencia, o quizás es tu insistencia por hablarme, quien sabe… No puedo culparte, pues, sé que tú no sabes nada, ni tampoco quiero que lo sepas. Es solo que es muy doloroso ver tu forma de tratarme (como un padre trataría a su hija). Claro, que aquí hay una diferencia: Ni yo soy tu hija, ni nada parecido. Pero aún así, tú juegas a adjudicarte ese rol que no te pertenece. A veces, simplemente estás pendiente de mí, y otras verdaderamente actúas de padre. También juegas mucho a picarme, o tratar de ponerme celosa (al menos yo lo interpreto así porque, ¿qué explicación se le da a que, cada vez que pasas por mi lado, comentes a cualquiera de las chicas que hay alrededor?).
Estaría bien que tú pusieras un poco de tu parte. Sólo eso, ayudarme para que así yo continúe viviendo, y no me vuelva loca si no te veo, o no hablo contigo.
Para que así dejes de ser mi droga maligna. Porque te has convertido en eso: Una droga muy peligrosa que va afectando poco a poco, y pasando desapercibida por mi cabeza. El problema, que en este caso la metadona no sirve…
¿Me harás ese favor de dejar que avance?
Me causa mucha tristeza descubrirme pensándote tan a menudo… y soñándote, y buscando excusas para poder verte y que hables conmigo…
Trato de rehacer mi vida, de olvidarte, pero siempre hay un punto, por el cual acabo fracasando en mi intento… Normalmente es mi falta de paciencia, o quizás es tu insistencia por hablarme, quien sabe… No puedo culparte, pues, sé que tú no sabes nada, ni tampoco quiero que lo sepas. Es solo que es muy doloroso ver tu forma de tratarme (como un padre trataría a su hija). Claro, que aquí hay una diferencia: Ni yo soy tu hija, ni nada parecido. Pero aún así, tú juegas a adjudicarte ese rol que no te pertenece. A veces, simplemente estás pendiente de mí, y otras verdaderamente actúas de padre. También juegas mucho a picarme, o tratar de ponerme celosa (al menos yo lo interpreto así porque, ¿qué explicación se le da a que, cada vez que pasas por mi lado, comentes a cualquiera de las chicas que hay alrededor?).
Estaría bien que tú pusieras un poco de tu parte. Sólo eso, ayudarme para que así yo continúe viviendo, y no me vuelva loca si no te veo, o no hablo contigo.
Para que así dejes de ser mi droga maligna. Porque te has convertido en eso: Una droga muy peligrosa que va afectando poco a poco, y pasando desapercibida por mi cabeza. El problema, que en este caso la metadona no sirve…
¿Me harás ese favor de dejar que avance?
sábado, 22 de noviembre de 2008
25-11-08, DÍA MUNDIAL CONTRA EL MALTRATO DE GÉNERO.

Me siento cada vez más atemorizada por tus amenazas. Tus besos, ya no son lo que eran. Tus caricias, queman mi piel centrímeto a centrímetro, dejando tras ellas como único rastro, dolor. Poco a poco, vas consumiéndome con cada golpe, con cada insulto, con cada grito.
¿Es que ya no me amas?
Cuando va acercándose la hora de tu llegada, mis gestos van entorpeciéndose, mi cuerpo va perdiendo agilidad, mi mente va cayendo lentamente, en un agujero negro donde sólo existe amargura y soledad. Cuando llegas al umbral de la puerta, todo se repite una y otra vez: Mi cabeza comienza a dar vueltas, tú me gritas instándome que vaya a tus brazos, cada vez con más brusquedad. Yo me bloqueo por el miedo a tus reacciones, y entonces, comienza la atrocidad: Tú empiezas a perder el control de tu cuerpo, y aumentas la violencia de tus palabras. Como ya, ni eso te alivia, utilizas tus manos para expresar tu enfado. Relatas razones absurdas para justificar tu cabreo, y así limpias tu conciencia, o al menos momentáneamente. Luego lo solucionas con regalos y promesas que nunca llegan.
Me he planteado muchas veces dejarte, olvidarme de ti, alejarme de todo esto. Otras muchas he ido a la comisaría, para denunciarte, pero siempre me arrepiento y abandono la idea. Esto ocurre, porque me planteo la vida sin ti, y no la veo posible. Sin ti no soy nada.
Hoy, como cualquier otro día, llegaste a casa, y todo se volvió a reproducir, tal y como tantas otras veces ha ocurrido. Sólo ha habido una diferencia: Esta vez has ido demasiado lejos. Con uno de los muchos golpes que me has dado, me has tirado contra una columna, y no contento con eso, me has destrozado la cabeza con múltiples patadas. Ahora mi cuerpo yace inerte sobre el frío mármol de nuestra casa, esa en la que tantas veces me amaste y me cuidaste; esa en la que tantas otras me gritaste, pegaste e insultaste. ¿Por qué cambiaste?
Yo no he sabido actuar correctamente ante este infierno, pero vosotros, tenéis mucha vida por delante. Jamás caigáis en mi mismo error. Nunca dejéis que nadie se apodere de vuestras vidas, pues nadie posee ese derecho. No dejéis de valoraros, ni de valorar la vida de los demás, pues todos somos iguales.
Por suerte, cada vez son más las personas que denuncian estos maltratos. ¡Seguid su ejemplo!!
¿Es que ya no me amas?
Cuando va acercándose la hora de tu llegada, mis gestos van entorpeciéndose, mi cuerpo va perdiendo agilidad, mi mente va cayendo lentamente, en un agujero negro donde sólo existe amargura y soledad. Cuando llegas al umbral de la puerta, todo se repite una y otra vez: Mi cabeza comienza a dar vueltas, tú me gritas instándome que vaya a tus brazos, cada vez con más brusquedad. Yo me bloqueo por el miedo a tus reacciones, y entonces, comienza la atrocidad: Tú empiezas a perder el control de tu cuerpo, y aumentas la violencia de tus palabras. Como ya, ni eso te alivia, utilizas tus manos para expresar tu enfado. Relatas razones absurdas para justificar tu cabreo, y así limpias tu conciencia, o al menos momentáneamente. Luego lo solucionas con regalos y promesas que nunca llegan.
Me he planteado muchas veces dejarte, olvidarme de ti, alejarme de todo esto. Otras muchas he ido a la comisaría, para denunciarte, pero siempre me arrepiento y abandono la idea. Esto ocurre, porque me planteo la vida sin ti, y no la veo posible. Sin ti no soy nada.
Hoy, como cualquier otro día, llegaste a casa, y todo se volvió a reproducir, tal y como tantas otras veces ha ocurrido. Sólo ha habido una diferencia: Esta vez has ido demasiado lejos. Con uno de los muchos golpes que me has dado, me has tirado contra una columna, y no contento con eso, me has destrozado la cabeza con múltiples patadas. Ahora mi cuerpo yace inerte sobre el frío mármol de nuestra casa, esa en la que tantas veces me amaste y me cuidaste; esa en la que tantas otras me gritaste, pegaste e insultaste. ¿Por qué cambiaste?
Yo no he sabido actuar correctamente ante este infierno, pero vosotros, tenéis mucha vida por delante. Jamás caigáis en mi mismo error. Nunca dejéis que nadie se apodere de vuestras vidas, pues nadie posee ese derecho. No dejéis de valoraros, ni de valorar la vida de los demás, pues todos somos iguales.
Por suerte, cada vez son más las personas que denuncian estos maltratos. ¡Seguid su ejemplo!!
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