miércoles, 3 de febrero de 2010

Capítulo I

"Tengo que olvidarle, tengo que olvidarle, tengo que olvidarle…"
Así me quedé dormida aquella noche, como me había ocurrido tantas otras desde hacía casi dos años. Todo empezó un verano en el que abrieron una heladería a 200 metros de mi casa. Mi amiga Eva y yo nos pusimos muy contentas, y desde el primer momento pensamos en las horas que allí pasaríamos. Por aquel entonces tenía 13 años, Eva los cumpliría aquel verano, el 22 de agosto. Recuerdo que el día de la inauguración de aquel establecimiento, las dos estábamos como locas por ir a verlo. Esa tarde nos arreglamos en mi casa, y en cuanto oímos el gentío en la calle nos apresuramos en salir. Cuando llegamos a la puerta, ambas quedamos maravilladas; el lugar había sido decorado con un gusto exquisito: en las paredes se podían observar imágenes con diferentes tipos de helados, sobre un fondo en tonos vainilla y caramelo. El techo se componía de espejos, dispuestos en horizontal, y en forma de rectángulo. El suelo era de losas de mármol blanco, y las mesas estaban elevadas por plataformas, todas dispuestas a diferentes alturas, a las que se accedía mediante unas escaleras. El mostrador quedaba al fondo de la sala, en frente de la entrada. En la pared que abarcaba el mostrador, que por cierto, era bastante grande, pues el lugar era muy extenso, se situaban dispuestos en vitrinas los utensilios de trabajo, los embases para el helado, las cartas donde se encontraban reflejados los productos, las neveras con los comestibles, e. t. c.
Yo tomé una foto en la entrada, e inmediatamente después nos dispusimos a entrar con unos vales de consumición gratuita que nos habían repartido en la fachada.
Cogimos nuestras copas de helado, yo una de 4 chocolates distintos, y Eva una de vainilla y 3 chocolates, ambas adornadas por virutas de galleta y una sombrilla muy graciosa, con colores llamativos, y decidimos sentarnos en la esquina de la derecha que daba al exterior. Había un gran ventanal, cuyos bordes eran de un color marrón oscuro, con un acabado en mate; eran realmente preciosos. Estuvimos allí hasta las 8 de la tarde, ya que debíamos estar en mi casa a las 8 y cuarto. Eva se quedó a dormir conmigo, y pasamos la noche viendo películas, chateando con varios amigos y charlando sobre el que a partir de ese momento sería nuestro lugar preferido: la heladería de los deseos. No nos quedamos dormidas hasta después del amanecer. A la mañana siguiente tuvimos que madrugar, -nos levantamos a las 9 de la mañana, teniendo en cuenta la hora a la que nos acostamos-, pues debíamos acompañar a nuestras madres al instituto, ya que era el día de la recogida de notas, las cuales marcarían el destino de los próximos casi 3 meses. Las dos estábamos notablemente inquietas; éramos conscientes de que no nos habíamos esforzado lo suficiente aquel año: por alguna razón que ignorábamos, nos resultaba casi imposible concentrarnos a la hora de estudiar o de hacer deberes. Aún así, en el fondo ambas teníamos la certeza de haber aprobado todas las asignaturas, aunque no estuvieran calificadas con las notas deseadas. Al llegar al instituto, fuimos conscientes de la interminable cola que tendríamos que soportar hasta que nos dieran el dichoso boletín, pero en seguida se nos pasó el mal humor, al ver que otros compañeros también estaban, y el patio exterior se encontraba abierto para que todos los alumnos aguardaran allí a sus parientes.
Hablamos con Sofía, una chica que, a pesar de haber entrado en nuestras vidas aquel curso, rápidamente se había ganado el cariño de todos con sus bromas, su simpatía y su paz. También hablamos con Carlos, Jaime, Juan, Pablo y Guzmán, el quinteto de graciosillos de nuestra clase. Se pusieron a contar batallitas de su salida la tarde anterior al centro comercial, y ninguna de las tres fuimos capaces de contener la risa ante tales burradas relatadas por nuestros amigos.
Al poco tiempo llegaron Irene, Paula, Sandra, Andrés, Miguel, Omar, Jesús, Sergio, Marina y Elisa.
Todos entraron casi de golpe, aunque la mayoría llegó por separado, salvo Irene, Paula y Sandra que habían quedado con sus madres para venir juntas. A los 15 minutos llegó Darío, el único de nuestra clase que faltaba. También el chico más importante para casi todas las chicas de nuestro curso, ya que era realmente guapo, y además muy simpático. Por alguna razón que en ese momento yo desconocía, se estaba volviendo muy creído y un poco irrespetuoso. Ahora hacía chistes sobre la mayor parte de la clase, y siempre predominaban las chicas como blanco de sus pesadas bromas que, a veces, rozaban la crueldad. De mí se reía, pues por aquel entonces aún no me había desarrollado totalmente –como es natural-, y mis pechos aún tenían que crecerme un poco; también porque justamente durante ese curso me había tocado llevar puesto un corrector dental. A mí me había gustado un año atrás, pero lo cierto es que en ese momento le detestaba. Además, aquel día llegó con ganas de hacer bromas crueles, de esas que verdaderamente hieren. Yo le vi venir, aunque todas mis compañeras, incluso Eva, que compartía mi opinión sobre Darío, suspiraban profundamente al verle y ponían sonrisas dulces a cada uno de sus gestos. Él era consciente del poder que tenía sobre aquellas chicas, e igualmente sabía la envidia muda que los chicos sentían hacia él, aunque eso, lejos de molestarle, le gustaba; es más, le divertía, y mucho. Yo, desde el primer momento a la defensiva, le respondí a su aparente cortés saludo de:
-Hola Helena, ¿cómo te va?- Con un: - Me iba mucho mejor antes de que aparecieras. Él puso cara de pocos amigos, aunque la dejó pasar.
En seguida siguieron con los chistes, y todo volvió a la normalidad. El tiempo transcurría deprisa, y sin que nos diéramos cuenta. Poco a poco fueron llegando padres a recoger a sus hijos, y éstos se iban despidiendo, algunos con mucha alegría, y otros con una gran desgana reflejada en el rostro. Una de esas veces se levantó Omar, un chico bajito y flacucho, de padres musulmanes y nacido en España. Era muy tímido, aunque resultaba agradable estar en su compañía. A mí me encantaba aquel chico de pelos repeinados y vestimenta impecable, pues siempre estaba ahí cuando le necesitaba. Aprovechando la timidez de Omar, Darío le puso la zancadilla, y el pobre chiquillo cayó de bruces al suelo. Noté cómo mis mejillas se encendían, fruto de la rabia que se iba apoderando de mi cuerpo, y sin pensármelo dos veces fui en busca del impresentable que había tirado a mi pobre amigo.
Éste, percatándose de mis intenciones, echó a correr por el patio, para que yo fuera a buscarle. En ese momento, Eva me avisó de que nuestras madres nos esperaban en la puerta, y Omar me explicó que no merecía la pena pelear, pues lo que más les dolía a las personas como Darío era el hecho de que les ignoraran. Yo rápidamente reaccioné, me despedí de todo el mundo, y me apresuré en ir a buscar aquel pase a mi cielo particular, o a mi infierno. Todo dependía de aquel papel blanco y liso doblado por la mitad, en el cual se hallaba mi nombre escrito a bolígrafo, con una letra excesivamente retintada y en cursiva. En cuanto estuvimos en frente del lugar donde se encontraban nuestras madres, Eva y yo aminoramos el paso lo suficiente como para estudiar sus expresiones. Las dos parecían tranquilas e incluso tenían una sonrisa dibujada en los labios, así que suspiramos realmente aliviadas, y volvimos a aligerar el paso; me moría de ganas por saber qué les habían dicho, y a Eva también le hacía ilusión. Nuestras madres se abalanzaron sobre nosotras para darnos un fuerte abrazo y nos dieron la enhorabuena, pues, pese al gran cambio que habíamos experimentado al ingresar en el instituto, habíamos sabido mantener los aprobados en su lugar; incluso Eva había subido un punto en matemáticas, y yo había mejorado en dos puntos historia. Tras esto, las cuatro salimos al exterior, despidiéndonos de aquel ajetreado curso, y dándole la bienvenida a las que por fin podríamos disfrutar vacaciones.
Caminábamos hacia nuestras casas –Eva y yo somos vecinas y vivimos puerta con puerta-, cuando María, la madre de Eva, y mi madre, nos propusieron ir a almorzar a una tapería a la que nos encantaba ir, la tapería pinchos, y luego tomar el postre en la nueva heladería. A las dos nos encantó el plan, y nos entusiasmamos sobre todo con la segunda parte. En aquel momento ni siquiera sospechaba el giro que ese verano daría a mi vida, el cual no me dejaría indiferente.

sábado, 30 de enero de 2010

Amores vividos

Hay amores que nunca se olvidan, ya sea por la frustración de no haberlos llevado a la realidad, bien porque son tan fuertes que logran superar las barreras que el tiempo les impone.
Lo que sí es cierto, es que aquellos amores que persisten, ya son imposibles de olvidar. Sí, se superan, de eso estoy totalmente convencida, pero sin embargo siempre habrá uno de esos días en los que necesitamos recuerdos, y esos recuerdos nos traerán consigo una gran marea de sensaciones que creíamos ya enterradas, y que de pillarnos desprevenidos nos aturdirán los sentidos, llevándonos hacia un letargo del que sin duda nos costará bastante salir.
No nos impiden rehacer nuestra vida amorosa, pero sin embargo en ciertas ocasiones la obstaculiza porque, ¿quién no echa en falta la sonrisa picarona de aquel chico que tanto la ilusionó durante X tiempo? O ¿quién no ha comparado el comentario “tal” del chico con el que intentamos entablar algo más que una amistad con el comentario “cual” que hizo aquel otro por el que tanto suspiramos en épocas pasadas?
Eso es algo que ocurrió, ocurre y ocurrirá siempre. Lo importante es que siempre tengamos en cuenta nuestros sentimientos, y sepamos pasar página de lo anterior a lo presente, porque sólo así seremos capaces de disfrutar al 100% de la vida que se nos brinda.

jueves, 28 de enero de 2010

La maternidad

La maternidad, una semilla que crece muy lentamente en el interior de una madre poco preparada para lo que continúa:
Fruto de un eterno abrazo que unirá a la pareja para el resto de sus vidas.
Árbol tierno que mima y cuida su pequeño brote con sumo celo, dedicándole horas, días, semanas y meses completos.
Seno que aguarda la llegada del nuevo fruto, para estrecharlo entre sus brazos con infinita ternura.
Lecho que calma al recién nacido tallo, que lucha por seguir adelante.
Bastón que apoya al arbusto que va haciéndose un camino entre el frondoso bosque.
Templo que apacigua al creciente arbolillo en su búsqueda del sentido de la vida.
Oráculo que aclara al joven árbol lleno de vida.
Guía que acompaña siempre al árbol crecido.

miércoles, 27 de enero de 2010

Gran paso

A veces estás ahí, otras desapareces sin más. ¿Dónde estás, dulce y amarga adolescencia?
Hay días en los que despierto, y me siento como una niña dando sus primeros pasos.
Nervios, ternura, dudas, curiosidad, alegría, tesón...
Siento que me podría comer el mundo en sólo dos bocados.
Sin embargo, otros días me levanto sintiéndome como una anciana cansada ya de la vida.
Fatiga, amargura, tristeza, añoranza, desgana, desazón...
Me gustaría volver a cerrar los ojos, y dejar que pase el tiempo para no tener que enfrentarme a otro dia más.

Los problemas se hacen gigantes y eternos esos fatídicos días. Nada parece salir bien, y veo que el mundo entero se desmorona, dejándome a mí sin respiración.

Supongo que es eso el crecer; el darse cuenta de lo que es la vida. El madurar y aprender a afrontar las dificultades que van surgiendo en el sendero que tenemos que recorrer cada uno pero, a veces parece tan complicado, que me encantaría poder cerrar los ojos, y al volver a abrirlos ser una chiquilla de 6 años, que tiene tanto que aprender, tanto que disfrutar...

lunes, 25 de enero de 2010

Lo que llamamos ciencia

Una mañana desperté, y me sentí con ganas de explorar el mundo. Decidí que eso haría; observarlo todo.
Me elevé lentamente hasta las nubes, acompañé a una solitaria gaviota, me dejé llevar por algunas corrientes de aire, y por fin decidí echar un vistazo:
-Los ríos se veían verdes desde ahí arriba; finas hileras en medio de una masa grisácea, que ocupaba todo lo que mis ojos alcanzaban a ver.
-Los océanos, meros charcos de un azul turbio, en el que apenas podía percibirse algún tipo de vida.
-Los bosques, grandes espacios casi desérticos, con minúsculos charcos de agua fangosa, alrededor de la cual podían apreciarse algunos animalillos tratando de sobrevivir en un ecosistema inerte.
-Visité los cultivos de los campesinos; hierbajos estériles arraigados a una tierra desnutrida.
-Las poblaciones, conjuntos de pavimentos castigados por la violencia del sol en verano, y el castigo de los vientos en invierno.
-Ampliando aún más mi vista, observé lugares de ensueño como el caribe: pequeñas islas llenas de agujeros, frutos de diversas explotaciones por el hombre.
Mi mundo, mi querido mundo destruído por lo que llamamos ciencia...

Fué una suerte que aquel día fuera sólo una horrible pesadilla, aunque no sé hasta qué punto es ficción todo lo que pude ver en aquel viaje en sueños...

domingo, 24 de enero de 2010

La luna

Cada anochecer te enciendes,
como llama que debora todo,
apoyando al desatendido,
escuchando al que se lamente.

Yo desde aquí te escribo,
pidiéndote frente a frente,
que alumbres mi camino,
para que siempre lo encuentre.

Haces soñar al risueño,
haces llorar al dolido,
haces feliz al enfermo,
haces de guía al perdido.

En conclusión meditada,
diría que eres amiga,
de todos cuantos te hablan,
de todos cuantos te miran.

viernes, 22 de enero de 2010

Un zorrito demasiado impaciente

Había una vez un pequeño zorrito, que vivía en la cueva de una alta montaña, con su madre y sus 3 hermanos. Su vida era muy fácil, pues sólo tenía que preocuparse de alimentarse con la leche que su mamá le daba, y jugar con sus hermanos, siempre queriendo divertirse. Como era muy pequeñito, no sentía curiosidad por saber qué había más allá de su casa. Pero este zorrito seguía creciendo y creciendo, y con el paso del tiempo empezó a querer descubrir el mundo. Un día pidió permiso a su madre para poder ir a curiosear a los alrededores, pero ella le dijo que no. Así ocurría una y otra vez, hasta que una tarde en la que se sentía muy aburrido, decidió que cuando su madre fuera a buscar comida, se iría él por su cuenta para ver qué había más allá de su guarida. Aquella tarde mamá zorra, como de costumbre, les advirtió sobre todos y cada unos de los peligros que podían encontrar si salían fuera, y después de darles un beso a cada uno, salió a cazar. Cuando nuestro travieso zorrito decidió que su mamá estaría lo suficientemente lejos para no descubrirle, se fue aprovechando que sus hermanos jugaban a pelearse.
Nada más salir, se encontró con que había una gran distancia desde donde él estaba hasta donde se veía hierba fresca.
-Bueno, tampoco me importa ir hasta allí, si tengo tiempo suficiente antes de que anochezca del todo- se dijo. Empezó a caminar, y tal como su madre le dijo, empezó a sentir que sus pequeñas y desacostumbradas patitas se hundían en la tierra mojada por la humedad.
-No es para tanto, en esto del fango, mamá exageró-. Pensó.
Continuó bajando por la montaña, y al pasar por encima de unas rocas, una de ellas se movió dejándole caer como medio metro hacia el suelo.
-Mamá dijo que esto pasaba a menudo. Tendré más cuidado-. Se recordó.
Continuando su camino, sintió que algo lo seguía desde el cielo.
-¡¡Aaaaah!! ¡Que me coge, que me coge!! ¡Tengo que encontrar alguna grieta entre las rocas donde esconderme o me alcanzará!- Recordó esta advertencia sobre las aves de las altas montañas que le hizo su madre-.
Mucho más cauteloso, siguió su marcha. Cada ruido le daba un pequeño escalofrío. Unos minutos después, se encontró un pequeño arroyo, donde había unos arbustos frondosos y hierba fresca y cómoda. Sediento y cansado, quiso acercarse al agua para beber un poco, y luego tumbarse a descansar antes de volver a su cueva, pues ya empezaba a esconderse el sol. Cuando ya estaba a pocos pasos, algo le cayó encima, impidiéndole caminar para ningún lado.
-¡Oh no, una trampa! ¡Mamá nos advirtió de esto... Es el mayor peligro de todos! si le hubiera hecho caso, si no hubiera sido tan travieso... Ahora tendría una cama calentita donde dormir, y comida para saciar el hambre. ¡¡Qué voy a hacer ahora!!-. Se lamentó.
Comenzó a lloriquear, y a recordar cuánto su madre le había ayudado desde que nació. Cuánto aprendió de ella, cuánto cariño le había dado y cuántos sacrificios había tenido que hacer para ponerles fáciles la vida a él y a sus hermanos.
En ese momento, su madre, que estaba intentando atrapar una liebre muy escurridiza, oyó un sollozo lejano, que parecía pedir ayuda. Decidió dejar escapar su presa, y socorrer a quien quiera que fuera esa criatura. Cuando al llegar, se dio cuenta de que era su hijo, sintió un gran pánico, pero la decepción la desbordaba por dentro.
Su pequeño, al verla, empezó a pedirle perdón sin parar, y que le ayudara a escapar de aquella trampa en la que había caído. Su madre, sin pensárselo dos veces, comenzó a morder las fibras de aquella red, que por suerte no eran demasiado gruesas. Cuando consiguió cortar los suficientes hilos, su hijo salió corriendo, y se lanzó al calor de su madre. Ésta le abrazó, le besó, y le regañó mucho. Nuestro aventurero zorrito le pidió perdón por ser tan impaciente, y le prometió que nunca jamás volvería a desobedecer las normas de su madre, y que aprendería a ser un gran zorrito, como ella.
Desde aquel día, el zorrito entendió que su madre era el tesoro más valioso que tenía, y que cada cosa que hacía la hacía por él, para que pudiera ser un gran cazador, valiente y concienzudo, tal y como lo era ella.

jueves, 21 de enero de 2010

Una tarde cualquiera

Aquella tarde me senté en el banco de la plaza central del pueblo. Lucía un sol esplendoroso. los chiquillos correteaban por mi alrededor bromeando y jugando, tan infantiles, aún con la inocencia intacta. Me recordaron a aquellos tiempos en los que yo también fuí una de esas pequeñajas que jugaban al escondite, temerosa por que la encontraran.
También se podían ver allí algunas jóvenes parejas, tan risueñas y ofreciéndose tanta ternura, tanto amor, tanta pasión... Dulce adolescencia, pensé.
Un señor estaba sentado frente a mí, al otro extremo de la plazuela, enfrascado en alguna novela que sin duda debía ser interesante, pues no levantó cabeza hasta que el sol se ocultó dejando paso a una preciosa noche, cuyo manto, cubierto de estrellas, parecía prometer a cada cual lo que quiera que estuviera deseando. Entre tanto, yo dediqué la tarde a reflexionar sobre lo relativo del tiempo.
Para un niño, la vida es infinita. Todo parece cumplirse, porque con tanto tiempo, cualquiera podrá hacer de todo.
Para un adolescente, la vida pasa lentamente; nunca pasa suficiente tiempo para ellos, pues nunca ven el momento de poder cumplir sus ambiciones.
Un jóven adulto comienza a darse cuenta, de que el tiempo no es tan inagotable como parecía al principio, e intenta empezar a mirar por el gran sueño que le dará la tan ansiada felicidad.
Una persona de edad madura, comprende que si sus sueños no se cumplieron, ya a esas alturas será demasiado tarde, y tiene que conformarse con lo que le ha tocado, renunciando a su completa felicidad.
Por el contrario, una persona anciana, con toda su sabiduría, comprende que la vida, con sus más y sus menos, es el mayor regalo que una persona pueda recibir, y que de una manera u otra, todos los que trabajan diariamente por y para su felicidad, acaban teniendo lo que de verdad querían: Un sinfín de pequeñas gratitudes que le han echo vivir una vida plena.

miércoles, 20 de enero de 2010

Complicado

Ya me estoy haciendo adulta,
ya estoy madurando,
pues cada problema que tengo,
se convierte en un gran peldaño.

A mi vida llega penumbra,
que le cubre la existencia,
y lentamente a mis días,
se les agota la paciencia.

De repente todo me importa,
todo lo quiero aguantar,
pero siempre acabo en fracaso,
pues no lo puedo afrontar.

Cada momento, algún conflicto,
cada segundo que pasa me pierdo,
mis horas las paso pensando,
mi tiempo lo paso escribiendo.

martes, 19 de enero de 2010

Canción de un alma cansada...

Su vida va pasando por paradas y ella ve, que cada madrugada va calando en su ser, que poco a poco entrega, en cada amanecer, toda su inocencia, la miel del ayer.
Cuando era pequeñita la adoraban sin saber, que de mayor sería, la diosa del placer, ella obtiene todo lo que quiere la mujer, pues es amada, lista y bonita a la vez.
Pero hay algo que atormenta, el fondo de su alma, que poco a poco la absorbe, y le roba ya la calma. Todo el mundo especula, sobre cuál será la causa. Si será por mal de amores, salud o añoranza.
Sus días se convierten, sin saber por qué, en una gran rutina, escasa de placer, ella tan sólo quiere, volver a renacer, y revivir momentos, cambiarlos tal vez.
Al llegar la noche, se inunda del deber, de recordar sus sueños, todo su poder, le invaden los recuerdos enterrados en la piel, que descansan inmersos en ternura y dejadez.
Pero hay algo que atormenta, el fondo de su alma, que poco a poco la absorbe, y le roba ya la calma. Todo el mundo especula, sobre cuál será la causa. Si será por mal de amores, salud o añoranza.

lunes, 18 de enero de 2010

Recuerdos

Sin nisiqiera saber por qué, mis recuerdos afloraron aquella tarde desde lo más profundo de mi ser, obligándome a retroceder en el tiempo, a volver a sentir todo aquello que creía olvidado.
Por alguna razón que no alcanzo a comprender, como si de una película se tratara, en mi mente se empezaron a reproducir aquellos furtivos encuentros en los que tanto nos dábamos el uno al otro.
¿Acaso entregamos ahí toda la pasión de juventud?
Me niego a pensar que toda nuestra vitalidad, nuestro tesón y nuestra locura se consumiera como una vela falta de oxígeno; no, no, no.
Dime que me deseas, que estás dispuesto a dejarlo todo, y entonces creeré que lo nuestro sube más allá de las nubes, traspasa toda barrera y llega hasta la luna.
Sólo así comprenderé que me amas.

domingo, 17 de enero de 2010

Tan sólo amor

Amor risueño,
que ingenuo paseas por mis pensamientos.
Amor sediento,
que ajeno a todo hurgas entre mis recuerdos.
Amor osado,
que sin preguntar invades mi corazón helado.
Amor constante,
que haces añicos mi dolor delirante.
Amor, tan sólo amor...
Amor lujurioso, amor prohibido,
amor caprichoso, amor reprimido.
Amor sumiso, amor ahogado,
amor hiriente, amor robado.
Tantos tipos de amor,
tan distintos y tan iguales.
Tan lejanos y tan letales,
pero igualmente inolvidables.

jueves, 28 de mayo de 2009

Cima del placer

Un intenso placer naciente,
de un leve roce al pasar,
va invadiendo si freno la mente,
avanzando y sin vacilar.

Una brisa de aire caliente,
recorre deprisa la piel,
erizándola febrilmente,
como a un fino papel.

Cosquilleos inundan el cuerpo,
Haciéndolo intensamente danzar,
Llevar frenéticamente un ritmo,
El del creciente gozar

Entre espasmos y jadeos,
el placer comienza a estallar,
entregándose así dos almas,
que por siempre unidas irán.

viernes, 13 de marzo de 2009

...Don Julian... =(

El viernes 6 de marzo (2009) nos enteramos de que Don Julian había muerto. Al principio hubo mucha incredulidad por parte de los alumnos, pues éstos pensaron que se trataba de una absurda broma de mal gusto, pero con el paso de las horas todo el mundo fue dándose cuenta de lo que en realidad ocurría: Nuestro querido profesor se había ido, y esta vez era para siempre. La noticia cayó como si fuera una lluvia de cuchillas, las cuales nos hicieron innumerables heridas en lo más profundo del alma.
El día, que era un poco especial, ya que se celebraba el día de la mujer, se vió cubierto de una densa capa de amargura, impotencia, tristeza, y sobre todo dolor, mucho dolor...
En ese fatídico día se pudieron ver muchísimas caras, cuyas expresiones se hayaban desgarradas por la pena de haber perdido a una persona tan maravillosa.

Don Julian fue un profesor envidiable, que sabía tratar con los alumnos, que explicaba su asignatura increíblemente bien, y que, sobretodo, apoyaba a los niños y los comprendía, no solo a los que daban clases, sino a los que formaban parte del centro.
Siempre tenía algunas palabras en los momentos más difíciles, y siempre conseguía arrancar una sonrisa cuando ésta parecía enterrada en algún lugar inalcanzable.

En definitiva, se ha ido una persona que aún tenía muchos consejos que aportar, y muchas clases que impartir. Una persona buena, a la que aún no le tocaba abandonarnos...

Don Julian, tus enseñanzas nos han marcado de por vida. Nunca te podremos olvidar... has dejado 1 gran hueco en el instituto.

Siempre te echaremos de menos. Ojalá pudiéramos al menos haberte despedido como te merecías; ojalá hubiéramos podido decirte lo mucho que te queremos...

Sin más que transmitir, salvo lo difícil que se hace ahora el instituto, al recordar que nunca volverá a hacer sus bromas, ni a mandar sus copias, ni a dictar sus problemas...!!

me despido. Hasta siempre!!

lunes, 2 de febrero de 2009

Superándote


Supongo que ya lo estoy consiguiendo. Al verte, ya no siento que mi respiración se corta; ni siquiera ya mi corazón se acelera al escuchar tu voz. Ahora por fin puedo actuar con normalidad al tenerte cerca. Ya no dependo de tu presencia para ser feliz, ni mi comportamiento se altera cuando paso días sin saber nada de tí. Tampoco siento celos cuando hablas de otras, las miras o preguntas por ellas. Estoy consiguiendo la calma que tanto tiempo he anhelado. Tus comentarios han perdido el 90% de la importancia que antes para mí tenían, y sin tener que esforzarme para que ocurriera. El tiempo transcurre, y ya no estás dentro de mi cabeza para anular a los demás de mi rutina. Esa obsesión enfermiza que me presionaba a seguir queriéndote y odiándote al mismo tiempo por no tenerte, está desapareciendo sin dejar rastro alguno. Ya no deseo estar contigo, pues comienzo a comprender que, si eso ocurriera, mi vida sufriría un gran trastorno que la cambiaría por completo; A mí me cambiaría por completo. Me transformaría en otra persona, y no quiero nada de eso para mí. También porque cuando te pienso, veo un montón de kilómetros recorridos, un millón de experiencias vividas, y un sinfín de sentimientos y sensaciones recibidas. Muchísimas cosas que aún yo no he apreciado, ni apreciaré quizás en mucho tiempo. Momentos que yo no percibo protagonizar en esta etapa de mi recorrido, y valiosas lecciones vitales para las que aún no estoy preparada. Sencillamente, al fin me he dado cuenta de que tú y yo pertenecemos a dos mundos totalmente incompatibles. Somos dos personas cuyas existencias conviven, pero separadas por un invisible muro que, aunque muy fino, es irrompible, imperturbable e implacable.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Amistades gastadas (¿o quizás robadas?)

Hay algo dentro de mí que me dice que, todo ese odio que os tenía, todo eso que hacía que dentro de mí no pudiera fluir ningún sentimiento más, está desapareciendo... Asco sí, y lástima también, y ni siquiera con todos. Sólo con dos, pero no eso tan horrible... Supongo que todo pasa porque tiene que pasar, y ese día llegó. Simplemente, entramos en otras etapas de nuestras vidas totalmente diferentes. Pasará muchísimas veces, y hay que saber vivirlas y aceptarlas tal y como vengan.
Hoy sólo puedo sentir rabia, pues he visto hasta qué punto se apoderó de mí la inmadurez en el momento de actuar, pero bueno, así queda. Simplemente, se acabó...

domingo, 30 de noviembre de 2008

Crónicas de un amor desesperado

Siento una gran impotencia cuando, sin ser consciente, te persigo con la mirada mientras tú te desplazas de un lugar a otro, ignorando mi interés hacia ti.
Me causa mucha tristeza descubrirme pensándote tan a menudo… y soñándote, y buscando excusas para poder verte y que hables conmigo…

Trato de rehacer mi vida, de olvidarte, pero siempre hay un punto, por el cual acabo fracasando en mi intento… Normalmente es mi falta de paciencia, o quizás es tu insistencia por hablarme, quien sabe… No puedo culparte, pues, sé que tú no sabes nada, ni tampoco quiero que lo sepas. Es solo que es muy doloroso ver tu forma de tratarme (como un padre trataría a su hija). Claro, que aquí hay una diferencia: Ni yo soy tu hija, ni nada parecido. Pero aún así, tú juegas a adjudicarte ese rol que no te pertenece. A veces, simplemente estás pendiente de mí, y otras verdaderamente actúas de padre. También juegas mucho a picarme, o tratar de ponerme celosa (al menos yo lo interpreto así porque, ¿qué explicación se le da a que, cada vez que pasas por mi lado, comentes a cualquiera de las chicas que hay alrededor?).

Estaría bien que tú pusieras un poco de tu parte. Sólo eso, ayudarme para que así yo continúe viviendo, y no me vuelva loca si no te veo, o no hablo contigo.
Para que así dejes de ser mi droga maligna. Porque te has convertido en eso: Una droga muy peligrosa que va afectando poco a poco, y pasando desapercibida por mi cabeza. El problema, que en este caso la metadona no sirve…

¿Me harás ese favor de dejar que avance?

sábado, 22 de noviembre de 2008

25-11-08, DÍA MUNDIAL CONTRA EL MALTRATO DE GÉNERO.


Me siento cada vez más atemorizada por tus amenazas. Tus besos, ya no son lo que eran. Tus caricias, queman mi piel centrímeto a centrímetro, dejando tras ellas como único rastro, dolor. Poco a poco, vas consumiéndome con cada golpe, con cada insulto, con cada grito.
¿Es que ya no me amas?
Cuando va acercándose la hora de tu llegada, mis gestos van entorpeciéndose, mi cuerpo va perdiendo agilidad, mi mente va cayendo lentamente, en un agujero negro donde sólo existe amargura y soledad. Cuando llegas al umbral de la puerta, todo se repite una y otra vez: Mi cabeza comienza a dar vueltas, tú me gritas instándome que vaya a tus brazos, cada vez con más brusquedad. Yo me bloqueo por el miedo a tus reacciones, y entonces, comienza la atrocidad: Tú empiezas a perder el control de tu cuerpo, y aumentas la violencia de tus palabras. Como ya, ni eso te alivia, utilizas tus manos para expresar tu enfado. Relatas razones absurdas para justificar tu cabreo, y así limpias tu conciencia, o al menos momentáneamente. Luego lo solucionas con regalos y promesas que nunca llegan.

Me he planteado muchas veces dejarte, olvidarme de ti, alejarme de todo esto. Otras muchas he ido a la comisaría, para denunciarte, pero siempre me arrepiento y abandono la idea. Esto ocurre, porque me planteo la vida sin ti, y no la veo posible. Sin ti no soy nada.

Hoy, como cualquier otro día, llegaste a casa, y todo se volvió a reproducir, tal y como tantas otras veces ha ocurrido. Sólo ha habido una diferencia: Esta vez has ido demasiado lejos. Con uno de los muchos golpes que me has dado, me has tirado contra una columna, y no contento con eso, me has destrozado la cabeza con múltiples patadas. Ahora mi cuerpo yace inerte sobre el frío mármol de nuestra casa, esa en la que tantas veces me amaste y me cuidaste; esa en la que tantas otras me gritaste, pegaste e insultaste. ¿Por qué cambiaste?

Yo no he sabido actuar correctamente ante este infierno, pero vosotros, tenéis mucha vida por delante. Jamás caigáis en mi mismo error. Nunca dejéis que nadie se apodere de vuestras vidas, pues nadie posee ese derecho. No dejéis de valoraros, ni de valorar la vida de los demás, pues todos somos iguales.
Por suerte, cada vez son más las personas que denuncian estos maltratos. ¡Seguid su ejemplo!!